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jueves, 17 de mayo de 2012

¿Con quién tenés sexo?


A ellos les importa con quién te acostás, en qué posición hacés el amor y cuantas veces llegás al orgasmo. 

A ellos, los que enaltecen la Edad Media y desprecian nuestra era tecnocientífica, a ellos, que anuncian el final de los tiempos y agradecen el dolor de la carne, a ellos, católicos ortodoxos, evangélicos extremistas, homofóbicos con máscaras, padres de familias que se esconden para ser felices en un cuarto de motel, a todos ellos, habría que recordarles que dentro de su moral mística, de la defensa radical de su religión, de la visión de ultratumba que glorifican, hay un cuerpo, de carne, hueso y sangre, órganos y células iguales a los 7.000 millones de habitantes de la Tierra. 

Creerse superiores y con derecho a señalar con el dedo por ser diferente solo puede compararse con un acto de desprecio al ser humano.

Ese desprecio que es alimentado con la ignorancia y la postergación, con el machismo y la misoginia, con el temor a ser uno mismo. Es por ello, que es entendible la reacción al besatón realizado por SomosGay. Los que desprecian la libertad no comprenden que la naturaleza prima sobre cualquier ideología o religión.

¿Y todavía exigen respeto? ¿Cómo pueden reclamar respeto a la sociedad paraguaya aquellos que despotrican contra la razón, contra la ciencia y la libertad? ¿Cómo se atreven a pedir algo que ellos mismo se han negado?

El respeto se gana y los fanáticos nunca lo han ganado.
Felices de aquellos que se besaron frente al Congreso. 
Y para los homofóbicos, aunque les cueste entender, les dejo un poema de uno de los poetas más completos y complejos de la historia de la literatura estadounidense, Walt Whitman.
A disfrutar.

Canto de mí mismo
Walt Whitman
Poema 24


Walt Whitman, un cosmos, el hijo de
Manhattan,
turbulento, carnal, sensual, comiendo,
bebiendo y procreando,
no es un sentimental, no mira desde
arriba a los hombres y mujeres ni se
aparta de ellos,
no es más púdico que impúdico.


¡Quitad los cerrojos de las puertas!
¡Quitad las puertas mismas de sus quicios!
Quien degrada a otro me degrada a mí,
y todo lo que hace o dice vuelve a la postre a mí.

La inspiración mana y mana de mí,
me recorren la corriente y el índice.

Pronuncio la contraseña primordial,
doy la señal de la democracia,
nada aceptaré, ¡lo juro!, si los demás
no pueden tener su equivalente
en iguales condiciones.


Voces desde hace largo tiempo
enmudecidas me recorren,
voces de interminables generaciones
de cautivos y de esclavos,
voces de enfermos y desahuciados,
de ladrones y de enanos,
voces de ciclos de gestación
y de crecimiento,
y de los hilos que conectan las estrellas,
y de los úteros y de la savia paterna,
y de los derechos de los pisoteados,
de los deformes, vulgares, simples,
tontos, desdeñados,
niebla en el aire, escarabajos que
empujan bolitas de estiércol.


Voces prohibidas me recorren,
voces de sexo y lujuria,
veladas voces cuyo velo aparto,
voces indecentes por mí purificadas
y transfiguradas.


No me tapo la boca con la mano,
trato con igual delicadeza
a los intestinos que a la cabeza
y el corazón,
la cópula no es para mí más grosera
que la muerte.


Creo en la carne y en los apetitos,
y cada parte, cada pizca de mí
es un milagro.

Divino soy por dentro y por fuera, y
santifico todo lo que toco o me toca,
el aroma de estas axilas es más
hermoso que una plegaria,
esta cabeza más que los templos,
las biblias y todos los credos.

****

Obs.: Foto obtenida de la página de Facebook de Simón Cazal.